Ayşe nos relata su historia

Gaziantep, Turquía

EMILIANO LIMIA Y CRISTOPHER ROGEL BLANQUET
[email protected]

Gaziantep, Turquía.— Impulsada por la curiosidad, Ayşe se acerca en la calle para conversar. Luego de un rato, nos invita a su casa y propone conocer a su familia. Ayşe vive con sus 5 hijos en Tepebaşı, un barrio antiguo mayormente habitado por refugiados sirios en Gaziantep, ciudad al sur de Turquía que se encuentra a unos 70 kilómetros de la frontera con Siria.

“Los aviones de Bashar al-Assad [presidente de Siria] aventaron bombas sobre mi casa, perdimos todo”, relata estremecida de nuevo frente al recuerdo que más tarde le llevó a buscar refugio en Turquía. Su familia es sirio-turkmena, por lo que, si bien hablan árabe, entre ellos se comunican en turco. En un primer momento Ayşe se resiste a ser fotografiada con sus hijos. Al cerciorarse de que no trabajamos para la televisión turca nos permite retratarla junto a todos los niños.

Rochi es la más extrovertida, rápidamente se siente atraída por la cámara fotográfica e insiste en saber cómo funcionan. “Cuando los aviones bombardearon la ciudad (Aleppo), partimos a Turquía. Vi bombas cayendo, vi gente muerta en las calles, destruyeron nuestra casa”, explica quien tenía 5 años en ese momento, edad suficiente como para recordar el comienzo de lo que sería la peor crisis humanitaria del mundo después de la Segunda Guerra Mundial.

A su alrededor, los otros niños lanzan miradas de extrañeza, las más adultas escrutan con desconfianza, de reojo.

Del turismo al asilo

Gaziantep, Turquía

Reconocida por su historia y gastronomía únicas por la UNESCO, Gaziantep es una de las ciudades más antiguas y populosas de Turquía con alrededor de 2 millones de habitantes.

Es difícil imaginar que hace seis años eran los ciudadanos de Gaziantep quienes cruzaban la frontera para ir de compras el fin de semana a Aleppo, a solo 130 kilómetros de distancia.

Hoy, la realidad es opuesta: alrededor de 350 mil sirios viven en Gaziantep, en su mayoría provenientes de Aleppo.

Hasta aquí llegó Ayşe, quien ahora nos propone ir a la casa de otros familiares. Así es como llegamos con la familia de la tía de Rochi, donde nos reciben. A los poco minutos llegan invitadas y comenzamos la situación comienza a cambiar, parecen querer algo de nosotros más que la conversación. Más allá de responder a nuestras preguntas, hablan entre ellas y comienza una ola de información que agobia: que no reciben ayuda de los turcos, que no pudieron tramitar los papeles para poseer el estatus de refugiado y, por tanto, no pueden tener acceso a varios servicios básicos como educación y salud, mandar a los niños al colegio ni ir al hospital.

O que no pueden pagar las boletas de servicios, y hasta muestran los documentos y fotos de cuando vivían en Aleppo, fotos de familiares heridos, otros que perecieron en Siria. Llega un punto en que prácticamente imploran ayuda.

Lo que solicitan no es dinero. Lo que más desean es que les apoye para tramitar los papeles que les permitan obtener la estancia legal.

La migración forzada que provocó el conflicto en Siria ha traído problemas diversos para la ciudad de Gaziantep, difíciles de resolver en un lapso corto. Sobre todo, porque alrededor de 200 mil sirios viven fuera de los campos de refugiados y eso ha provocado presiones sobre los sistemas de salud y educación, disminución de los ingresos por turismo imponiendo nuevas presiones a la comunidad, el aumento de los alquileres, el trabajo infantil, entre otros.

A eso se suma que, según la legislación turca, los sirios no pueden sumar más del 10% de la mano de obra de un empleador, lo que hace que encontrar un empleo no sea fácil y en gran parte los refugiados tengan que sobrevivir con empleos casuales y donaciones de caridad.

“Estoy feliz de estar lejos de la guerra, pero la vida es dura aquí”, dice Salem, quien nos recibe en su taller de costura clandestino. Él y su cuñado son los únicos adultos trabajando allí, luego 6 niños menores (sus hijos y sobrinos). Fueron todos evacuados de Aleppo hace 4 años y se instalaron en Gaziantep junto con 10 familias.

El taller está montado en un galpón amplio, de concreto, frío. Allí se pueden ver unas 8 máquinas de coser. Sin dejar de trabajar, Salem explica que en Aleppo hacían ese mismo trabajo, con la diferencia de que, más allá de estar en su casa y no tener que pagar alquiler, en Siria la vida era mucho más barata. Acentúa que con dificultad llegan a fin de mes y casi no tienen tiempo para relajarse. “En caso de que la guerra termine, seré el primero en volver”, sentencia.

El hecho de que no hablen turco es un serio obstáculo para conseguir un buen trabajo, y es humillante tener que vivir de caridad cuando en Siria cada uno tenía su trabajo. Tal es el caso de Mehmet, quien llegó a Gaziantep hace 5 años con toda su familia desde las afueras de Aleppo. Tiene 5 hijos, entre ellos Elif, quien tuvo que atravesar 7 operaciones por malformaciones que traía de nacimiento. Probablemente Mehmet y su familia vivan en las peores condiciones de las que fuimos testigos: viven en una obra que frenó su construcción, sin luz ni agua. Aunque ofrecen té y cigarrillos, básicamente todo lo que tienen.

Por un lado, los refugiados sirios en Tepebaşı esperan a que los combates terminen para volver a su país. Por otro, los turcos los consideran una población que volverá a sus hogares. Pero ya van casi 6 años de la crisis y su futuro es impredecible. Uno podría imaginar que están desesperados por iniciar una vida en otro país, pero conservan la esperanza de volver, muchos sirios siguen con la intención de regresar a sus pueblos y aldeas una vez que se restablezca la seguridad y la guerra civil de Siria llegue a su fin. Una cosa más en la que coinciden por unanimidad: echan la culpa al regimen de Al-Assad.

eluniversal
© 2017 EL UNIVERSAL Online S.A. de C.V.
Compañía Periodística Nacional
Periodismo de Investigación
Reportaje:
Emiliano Limia y Cristopher Rogel Blanquet
Fotos y Video:
Cristopher Rogel Blanquet
Edición:
María Luisa López
Diseño Web
Griselda Carrera y Miguel Ángel Garnica